Para reflexionar acerca del sentido de la Resurrección en nuestra vida, presentamos este texto del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia.
Hay hombres -lo vemos en los terroristas suicidas- que mueren por una causa equivocada, considerando sin razón que es buena. Por sí misma, la muerte de Cristo no testimonia la verdad de su causa, sino sólo el hecho de que Él creía en la verdad de ella. La muerte de Cristo es testimonio supremo de su caridad, pero no de su verdad. Ésta es testimoniada adecuadamente sólo por la resurrección. "La fe de los cristianos -dice San Agustín- es la resurrección de Cristo. No es gran cosa creer que Jesús ha muerto; esto lo creen también
los paganos; todos lo creen. Lo verdaderamente grande es creer que ha resucitado".
Ateniéndonos al objetivo que nos ha guiado hasta aquí, estamos obligados a dejar de lado la fe, de momento, para atenernos a la historia. Desearíamos buscar respuesta al interrogante: ¿podemos o no definir la resurrección de Cristo como un evento histórico "realmente
ocurrido"?
Lo que se ofrece a la consideración del historiador y le permite hablar de la resurrección son dos hechos: primero, la imprevista e inexplicable fe de los discípulos, una fe tan tenaz como para resistir hasta la prueba del martirio; segundo, la explicación que, de tal fe, nos han dejado los interesados, esto es, los discípulos. En el momento decisivo, cuando Jesús fue prendido y ajusticiado, los discípulos no alimentaban esperanzas de una resurrección. Huyeron y dieron por acabado el caso de Jesús. Entonces tuvo que intervenir algo que en poco tiempo no sólo provocó el cambio radical de su estado de ánimo, sino que les llevó también a una actividad del
todo nueva y a la fundación de la Iglesia. Este "algo" es el núcleo histórico de la fe de Pascua.
El testimonio más antiguo de la resurrección es el de Pablo, y dice así: "Les he transmitido, en primer lugar, lo que a mi vez recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; que se apareció a
Pedro y luego a los Doce. Después se apareció a más de 500 hermanos a la vez, de los que la mayor parte viven todavía, si bien algunos han muerto. Luego se apareció a Santiago, y más tarde a todos los apóstoles. Y después de todos se me apareció a mí, como si de un hijo nacido a destiempo se tratara" (1 Corintios 15, 3-8).
Estas palabras se escribieron el 56 ó 57 d.C. El núcleo central del texto, sin embargo, está constituido por un credo anterior que San Pablo dice haber recibido de otros. Teniendo en cuenta que Pablo conoció tales fórmulas inmediatamente después de su conversión,
podemos situarlas en torno al año 35 d.C., eso es, unos cinco o seis años después de la muerte de Cristo. Testimonio, por lo tanto, de raro valor histórico.
Los relatos de los evangelistas se escribieron algunas décadas más tarde y reflejan una fase ulterior de la reflexión de la Iglesia. El núcleo central del testimonio, sin embargo, permanece intacto: el Señor ha resucitado y se ha aparecido vivo. A ello se añade un elemento nuevo, tal vez determinado por preocupación apologética y por ello de menor valor histórico: la insistencia sobre el hecho del sepulcro vacío. Para los Evangelios lo decisivo siguen siendo las pariciones del Resucitado.
Las apariciones, además, testimonian también la nueva dimensión del Resucitado, su modo de ser "según el Espíritu", que es nuevo y diferente respecto al modo de existir anterior, "según la
carne". Él, por ejemplo, puede ser reconocido no por cualquiera que le vea, sino sólo por aquél a quien Él mismo se dé a conocer. Su corporeidad es diferente de la de antes. Está libre de las leyes físicas: entra y sale con las puertas cerradas; aparece y desaparece.
Los discípulos no pudieron engañarse: eran gente concreta, pescadores, lo contrario de personas dadas a las visiones. En un primer momento no creen; Jesús debe casi vencer su resistencia. Tampoco pudieron querer engañar a los demás. Todos sus intereses se oponían a ello; habrían sido los primeros en sentirse engañados por Jesús. Si Él no hubiera resucitado, ¿para qué afrontar las persecuciones y la muerte por Él? ¿Qué provecho podían sacar?
Negado el carácter histórico de la resurrección, el nacimiento de la Iglesia y de la fe se convierte en un misterio más inexplicable aún que la resurrección misma.
¿Cuál es, entonces, el punto de llegada de la investigación histórica a propósito de la resurrección? Podemos percibirlo en las palabras de los discípulos de Emaús: algunos
discípulos, la mañana de Pascua, fueron al sepulcro de Jesús y encontraron que las cosas estaban como habían referido las mujeres, quienes habían acudido antes que ellos, "pero a Él no le vieron".
También la historia se acerca al sepulcro de Jesús y debe constatar que las cosas están como los testigos dijeron. Pero a Él, al resucitado, no lo ve. No basta constatar históricamente, es necesario ver al Resucitado, y esto no lo puede dar la historia, sino sólo la fe.
El ángel que se apareció a las mujeres, la mañana de Pascua, les dijo: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?" (Lucas 24, 5).
Les confieso que al término de estas reflexiones siento este reproche como si se dirigiera también a mí. Como si el ángel me dijera: "¿Por qué te empeñas en buscar entre los muertos argumentos humanos de la historia, al que está vivo y actúa en la Iglesia y en el mundo? Ve mejor y di a tus hermanos que Él ha resucitado".
martes, 5 de abril de 2011
No hay conversión si no se manifiesta en obras de caridad
Mensaje de Cuaresma del obispo de Río Cuarto
Monseñor Martín recordó que las obras de caridad "no se reducen a dar cosas”
El obispo de Río Cuarto, monseñor Eduardo Eliseo Martín, señaló que es preciso compartir con los más necesitados el ahorro de dinero o cosas que obtenemos como fruto del ayuno. "No habrá verdadera conversión si no se manifiesta en obras de caridad", enfatizó el prelado en su mensaje de Cuaresma.
"Tenemos una tendencia a creer que nos realizamos en la posesión de las cosas. El ayuno nos recuerda y educa en descubrir que la realización de nuestra vida está en el Señor, a través de una relación adecuada, es decir, virginal, con las personas y las cosas. La Cuaresma es el tiempo propicio para ordenar nuestras relaciones con las cosas y las personas", agregó.
De todos modos, monseñorMartín aclaró que las obras de caridad "no se reducen a dar cosas, sino que conllevan el darnos a nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestros dones, nuestras
capacidades".
En este sentido, insistió en que el tiempo cuaresmal "es propicio para entregarnos a favor de nuestros hermanos: hay muchos enfermos y ancianos solos, hay muchos niños que necesitan cariño, hay muchos jóvenes que andan sin sentido". "Es el tiempo para ponernos en acción a favor de todo prójimo necesitado", añadió.
El prelado indicó asimismo que la conversión es “girar la mirada de nosotros mismos para ponerla en el Señor, ponernos a su escucha por medio de su Palabra y obedecer lo que nos dice”.
"La conversión -enfatizó en el mensaje- el cambio de vida que se produce por el Encuentro con
Jesucristo, que nos renueva por dentro, nos libera del pecado y de la muerte y nos da un ímpetu de conformar un Pueblo. De allí que la conversión, si bien es un hecho personal de cada uno, tiene un horizonte comunitario: el Pueblo de Dios".
Además, aclaró en ese sentido que "para esta conversión no se necesita ninguna cualidad intelectual o ética particular".
"Podemos ser cualquier cosa o estar en cualquier situación, que no son ningún obstáculo para dejar entrar el amor de Cristo en nosotros y dejarnos tomar por Él. Poner la mirada en Jesús y tenerla fija en Él hace del pecado algo extraño y lo aniquila, mientras que tener la mirada fija sobre nuestro mal impide la conversión", destacó el obispo.
Monseñor Martín recordó que las obras de caridad "no se reducen a dar cosas”
El obispo de Río Cuarto, monseñor Eduardo Eliseo Martín, señaló que es preciso compartir con los más necesitados el ahorro de dinero o cosas que obtenemos como fruto del ayuno. "No habrá verdadera conversión si no se manifiesta en obras de caridad", enfatizó el prelado en su mensaje de Cuaresma.
"Tenemos una tendencia a creer que nos realizamos en la posesión de las cosas. El ayuno nos recuerda y educa en descubrir que la realización de nuestra vida está en el Señor, a través de una relación adecuada, es decir, virginal, con las personas y las cosas. La Cuaresma es el tiempo propicio para ordenar nuestras relaciones con las cosas y las personas", agregó.
De todos modos, monseñorMartín aclaró que las obras de caridad "no se reducen a dar cosas, sino que conllevan el darnos a nosotros mismos, nuestro tiempo, nuestros dones, nuestras
capacidades".
En este sentido, insistió en que el tiempo cuaresmal "es propicio para entregarnos a favor de nuestros hermanos: hay muchos enfermos y ancianos solos, hay muchos niños que necesitan cariño, hay muchos jóvenes que andan sin sentido". "Es el tiempo para ponernos en acción a favor de todo prójimo necesitado", añadió.
El prelado indicó asimismo que la conversión es “girar la mirada de nosotros mismos para ponerla en el Señor, ponernos a su escucha por medio de su Palabra y obedecer lo que nos dice”.
"La conversión -enfatizó en el mensaje- el cambio de vida que se produce por el Encuentro con
Jesucristo, que nos renueva por dentro, nos libera del pecado y de la muerte y nos da un ímpetu de conformar un Pueblo. De allí que la conversión, si bien es un hecho personal de cada uno, tiene un horizonte comunitario: el Pueblo de Dios".
Además, aclaró en ese sentido que "para esta conversión no se necesita ninguna cualidad intelectual o ética particular".
"Podemos ser cualquier cosa o estar en cualquier situación, que no son ningún obstáculo para dejar entrar el amor de Cristo en nosotros y dejarnos tomar por Él. Poner la mirada en Jesús y tenerla fija en Él hace del pecado algo extraño y lo aniquila, mientras que tener la mirada fija sobre nuestro mal impide la conversión", destacó el obispo.
El sismo en Japón: Creer en Dios después del tsunami
Por Pbro. Matías Omar Ruz *
Especial para Periódico EncuentroCuando la catástrofe natural interpela a la fe en un Dios bondadoso
Las tragedias naturales suelen dejar a los creyentes sumidos en la perplejidad. ¿Por qué Dios permite este tipo de catástrofes? ¿Qué pondemos hacer ante el dolor inmenso que soportan las víctimas y sus allegados? Las respuestas a estos interrogantes nunca son sencillas. Acaso puede afirmarse que los fenómenos naturales obedecen precisamente a la naturaleza y no a la voluntad divina; o que Dios no salva “de” los accidentes, sino “en” los accidentes. Compartimos esta reflexión del sacerdote cordobés Matías Omar Ruz.
¿Cómo creer en Dios después de Japón? Con esta pregunta no hago más que modificar la pregunta complicada que ya hiciera el teólogo alemán Johann Baptist Metz con respecto al holocausto judío: "¿Cómo creer en Dios después de Auschwitz?"
Son preguntas difíciles de responder. A mi juicio, cualquiera que intente dar una respuesta cierta y segura, podría correr el riesgo de equivocarse. Alguno ha dicho por allí que "después de Dios, el misterio más grande es el misterio del mal". Y este es el problema, tanto a nivel espiritual como intelectual. Decir simplemente que Dios "permite" la catástrofe, sería aceptar la imagen de un Dios que simplemente deja morir a los inocentes. Decir que Dios "quiere" la catástrofe, sería afirmar la imagen de un dios que no es cristiano, un dios que se goza en la muerte de los inocentes. Aquí reside la cuestión neurálgica: ¿por qué el mal?
¿Por qué la muerte de los inocentes? Lo material se reconstruye, pero la vida no. A veces es preferible decir que no sabemos por qué. Pero esto tampoco significa una salida elegante que paralice el pensamiento, el espíritu y la acción. Todo lo contrario, cargar con preguntas que no podemos responder, es el mejor estímulo para seguir creyendo, pensando y actuando. Propongo dos puntos a partir de la "catástrofe". Primero, a nivel espiritual y teológico, la catástrofe provoca una especie de mística, pero "rebelde". Es el inocente que sufre, sin saber por qué y sin merecerlo. Cómo la mística de Jesús en la cruz que se hace pregunta urticante, aguda, inimaginable: "¿Dios mío, Dios mío, por qué me has abandonado?" Pregunta que, creo, los cristianos aún no tomamos demasiado en serio. Con el mensaje de la Resurrección –por cierto, el más importante del cristianismo-, nuestra mística es, no pocas veces, un tanto triunfalista. A veces "utilizamos" la respuesta de la Resurrección para acallar las preguntas importantes, o para tranquilizarnos sabiendo que hay un "final feliz". Sin embargo, Jesús hizo una pregunta y nadie se la contestó. Ahora bien, tal pregunta puede provocar desesperación o confianza y aquí es donde considero que Jesús nos da la clave (parafraseando): "Padre, no sé por qué me has abandonado, pero igual me entrego confiado a vos, porque espero en vos" Esta es la mística de la catástrofe, que todos de alguna manera experimentamos. Hoy estamos conmovidos por lo que pasó en Japón. Pero hay catástrofes personales que también generan este tipo de mística: la muerte de un hijo, una enfermedad que va consumiendo, la destrucción de la vida de un niño que ha sido violado y todos aquellos sufrimientos que no entendemos. Sin embargo, seguimos creyendo. En esta mística, "sufrimos a Dios" (J. B. Metz), es decir, sufrimos no sólo la catástrofe, sino que Dios calle, guarde silencio, no responda. Sin embargo, es una mística que –aunque paradójica- genera vida, como la misma Pascua.
Esto se conecta con el segundo punto. La mística de la catástrofe produce una "praxis de la compasión". ¿Qué hacer por el pueblo japonés? Probablemente nuestra única ayuda sea la oración, que no es poco. Pero ese drama debería estimular nuestra acción para que nuestra mística sea "de ojos abiertos" (J. B. Metz). Es decir, no pocas veces la catástrofe está al lado
nuestro y no nos damos cuenta. Una praxis de la compasión implica una mística activa para cargar con la cruz de los hermanos. El modo de cargar con la cruz del prójimo lo tendrá que discernir cada uno. Siempre hay una manera de ayudar, siempre podemos hacer algo. La caridad es creatividad en favor de otros. A veces, esa caridad será sólo sufrir con el otro las preguntas sin respuestas.
* Sacerdote. Estudió Filosofía en la Universidad Católica de Córdoba. Reside en Bonn (Alemania), donde estudia Teología.
Más de 1300 personas en el Encuentro Pastoral de la Arquidiócesis
El sábado 12 de marzo se realizó el Encuentro Pastoral de la Arquidiócesis de Córdoba que tuvo por lema: "En Jesús somos hijos, nos hacemos hermanos y ciudadanos, nos comprometemos".
Más de 1.300 participantes colmaron las instalaciones del Colegio Inmaculada Concepción de las Hermanas Concepcionistas, ubicado en el barrio Bajo Galán, entre sacerdotes, laicos y jóvenes representantes de las comunidades parroquiales, educadores de instituciones educativas católicas, miembros de movimientos y asociaciones laicales, integrantes de las comisiones diocesanas, y congregaciones de religiosos y religiosas de la arquidiócesis.
La animación estuvo a cargo de Frank Leder y Patricia Cardo, y los jóvenes del movimiento Partida, que le dieron el clima de alegría al encuentro.
La jornada se inició por la mañana. El ingreso de la bandera nacional y los trabajos realizados en encuentros anteriores, precedieron monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, quien invitó una vez más a "profundizar en la espiritualidad del Plan Pastoral", que "comienza como experiencia y opción por Cristo y se proyecta en nuestros actos". En este sentido, monseñor Ñáñez agregó que "los resultados no dependen sólo de nuestro hacer y de una planificación, sino de la profundidad del encuentro con Jesús. Sin Él no se hace nada".
Reflexión
Siguió la oración inicial y luego se abrió el espacio a una reflexión a cargo del presbítero Roberto Álvarez sobre el tema "Comunidad y Patria ¿Lugar para el poder o camino de servicio?”, que sirvió para introducir a los participantes en los temas centrales de la jornada.
Seguidamente se realizaron trabajos en grupos (se conformaron 60 en total), en los que se desarrollaron consignas referentes a los temas: ciudadanía y participación, bien común, derechos humanos, destino universal de los bienes, trabajo humano, democracia y medio
ambiente y las conclusiones se volcaron en propuestas concretas y compromisos personales sobre estos temas. El propósito de este intercambio grupal sobre temas tan amplios, no fue agotar aquí la reflexión y la puesta en común, sino iniciar el debate para luego dar continuidad y enriquecer en las comunidades, según señaló el presbítero Walter Gómez, vicario de Pastoral de la arquidiócesis. El Encuentro Pastoral cerró con la adoración al Santísimo a quien se le ofrecieron los compromisos personales asumidos a partir de los trabajos del día.
Más de 1.300 participantes colmaron las instalaciones del Colegio Inmaculada Concepción de las Hermanas Concepcionistas, ubicado en el barrio Bajo Galán, entre sacerdotes, laicos y jóvenes representantes de las comunidades parroquiales, educadores de instituciones educativas católicas, miembros de movimientos y asociaciones laicales, integrantes de las comisiones diocesanas, y congregaciones de religiosos y religiosas de la arquidiócesis.
La animación estuvo a cargo de Frank Leder y Patricia Cardo, y los jóvenes del movimiento Partida, que le dieron el clima de alegría al encuentro.
La jornada se inició por la mañana. El ingreso de la bandera nacional y los trabajos realizados en encuentros anteriores, precedieron monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, quien invitó una vez más a "profundizar en la espiritualidad del Plan Pastoral", que "comienza como experiencia y opción por Cristo y se proyecta en nuestros actos". En este sentido, monseñor Ñáñez agregó que "los resultados no dependen sólo de nuestro hacer y de una planificación, sino de la profundidad del encuentro con Jesús. Sin Él no se hace nada".
Reflexión
Siguió la oración inicial y luego se abrió el espacio a una reflexión a cargo del presbítero Roberto Álvarez sobre el tema "Comunidad y Patria ¿Lugar para el poder o camino de servicio?”, que sirvió para introducir a los participantes en los temas centrales de la jornada.
Seguidamente se realizaron trabajos en grupos (se conformaron 60 en total), en los que se desarrollaron consignas referentes a los temas: ciudadanía y participación, bien común, derechos humanos, destino universal de los bienes, trabajo humano, democracia y medio
ambiente y las conclusiones se volcaron en propuestas concretas y compromisos personales sobre estos temas. El propósito de este intercambio grupal sobre temas tan amplios, no fue agotar aquí la reflexión y la puesta en común, sino iniciar el debate para luego dar continuidad y enriquecer en las comunidades, según señaló el presbítero Walter Gómez, vicario de Pastoral de la arquidiócesis. El Encuentro Pastoral cerró con la adoración al Santísimo a quien se le ofrecieron los compromisos personales asumidos a partir de los trabajos del día.
El reclamo de “modernización”
Javier Cámara
Director
No hay mal que por bien no venga”, dice el refrán popular que confirma que los hombres, a lo largo de la historia, siempre han sabido obtener resultados positivos de experiencias negativas.
En el fondo, además, este dicho tiene mucho de sabiduría cristiana, de esa que nos enseña que todo lo que acontece es, al fin y al cabo, para nuestro bien. Si Dios, que nos ama con un amor infinito, quiere que suceda tal o cual cosa, o permite que suceda tal otra, seguramente será para nuestra salvación. Porque en la vida de la gracia, la revelación de Jesús nos dice que ya no hay -o no debería haber- para el cristiano una experiencia de “destino” en su historia, sino, más bien, de Providencia, de “Providencia” divina, de amor de Dios. En todo lo que nos ocurre, incluso en aquello que nos pueda parecer bueno, malo o tremendamente trágico, está el Señor esperándonos, sosteniéndonos, acariciándonos. Entonces, en la confianza de sabernos amados por el Señor de la historia, no preguntamos ya “por qué” pasa esto o aquello, sino “para qué” sucede lo que sucede.
Esta larga introducción tiene también un “para qué”. Y está orientado a que descubramos lo “positivo” de las experiencias dolorosas de divisiones y enfrentamientos que se suelen dar en la Iglesia. ¿Para qué estas “disputas” entre los que nos reconocemos hijos de un mismo Padre? ¿Para qué esta experiencia dolorosa de división?
Una de las respuestas es que, con estas diferencias, se puede generar un examen de conciencia personal y también comunitario en el pueblo de Dios que, en oración, permita ver con más claridad lo que el Señor pide para que seamos, efectivamente, más “cristianos”. ¿Qué nos hace más cristianos? ¿Qué puede hacer “más cristiana” a la Iglesia católica? Veamos. Uno de los planteos que se le formuló a la Iglesia “tradicional” (utilizamos aquí el término “tradicional” para identificar a los católicos que coinciden plenamente con la Tradición y con el Magisterio de la Iglesia) durante los debates públicos por el caso del padre Alessio y por la polémica en el nombramiento de un nuevo párroco en “La Cripta”, es el que reclama, entre otras cosas, la necesidad de “modernización”, de “apertura”.
Cada vez que en un medio de comunicación se plantean temas referidos a la enseñanza moral de la Iglesia (el caso Alessio y su defensa de la equiparación de las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio, sirve como ejemplo) llueven los reclamos de apertura, de “adaptación al mundo de hoy”, de “agiornamiento” de las “viejas estructuras”, y también las críticas a las prácticas “tradicionales”, “medievales”, “anacrónicas”, “verticalistas”, “oscurantistas”, “sacramentalistas”, etcétera, como la autoridad del Papa y de la jerarquía eclesial, el celibato, el matrimonio, la defensa de la vida desde la concepción y hasta la muerte natural, etcétera.
Para fundamentar estos reclamos, que muchas veces surgen también de personas que nunca tuvieron fe, se apela al concepto muy cristiano, muy católico y muy evangélico de que el camino de Dios es el hombre, que no se puede amar a Dios, a quien no se ve, si no se ama a los hermanos con quienes se convive hoy, en esta cultura nueva con fenómenos nuevos, diversos y plurales. Suena agradable esta afirmación. Pero no dice todo lo que es necesario decir. Porque el concepto de “modernidad”, el concepto de “hombre moderno” como su horizonte y criterio, responden a una visión parcial de la persona alentada por la filosofía moderna y sus particulares instrumentos hermeneúticos (de interpretación) de la realidad.
Es muchas veces desde esa visión parcial de la persona que se le reclama a la Iglesia que sólo diga y enseñe lo que ese hombre moderno puede entender y asimilar. Sólo eso debería predicar la Iglesia, lo demás, por más santo que sea, debería ser excluido de la enseñanza de la Iglesia porque al hombre “moderno” le parece un mito, un “cuento”, una leyenda del pasado. Es lo que sostiene, por ejemplo, Hans Urs Von Balthasar, uno de los más eminentes teólogos del siglo 20, fallecido en 1988, al que nadie razonable tildaría de anacrónico o de reaccionario. Entre sus antecedentes figuran, incluso, algunas amonestaciones de la Jerarquía por su temprana prédica a favor de que la Iglesia “no puede aparecer en el mundo moderno como una enemiga del mismo o una fortaleza cerrada, sino que su vocación trascendente tiene que llevarla a una apertura, asimilando los nuevos sistemas y dejándose interperlar para renovar los tesoros olvidados o aún no descubiertos que contiene el depósito de la fe”. Escribió Von Balthasar respecto del reclamo de “modernización”: “La Iglesia, se dice, debe estar al día para tener credibilidad. Si esto se toma en serio, significa que Cristo estaba al día cuando llevó a cabo su misión, una misión que fue escándalo y necedad para judíos y paganos, y que lo llevó a morir en la cruz (...). Pero Cristo nunca fue moderno, ni lo será, Dios mediante. Ni él ni sus discípulos Pablo y Juan pronunciaron una sola palabra para seguir la corriente política o gnóstica. La consecuencia obvia es que todos nuestros movimientos deben ir encaminados a erradicar los falsos escándalos, los escándalos no cristianos, para dar paso al verdadero escándalo, consistente en la misión de la Iglesia”.
Director
No hay mal que por bien no venga”, dice el refrán popular que confirma que los hombres, a lo largo de la historia, siempre han sabido obtener resultados positivos de experiencias negativas.
En el fondo, además, este dicho tiene mucho de sabiduría cristiana, de esa que nos enseña que todo lo que acontece es, al fin y al cabo, para nuestro bien. Si Dios, que nos ama con un amor infinito, quiere que suceda tal o cual cosa, o permite que suceda tal otra, seguramente será para nuestra salvación. Porque en la vida de la gracia, la revelación de Jesús nos dice que ya no hay -o no debería haber- para el cristiano una experiencia de “destino” en su historia, sino, más bien, de Providencia, de “Providencia” divina, de amor de Dios. En todo lo que nos ocurre, incluso en aquello que nos pueda parecer bueno, malo o tremendamente trágico, está el Señor esperándonos, sosteniéndonos, acariciándonos. Entonces, en la confianza de sabernos amados por el Señor de la historia, no preguntamos ya “por qué” pasa esto o aquello, sino “para qué” sucede lo que sucede.
Esta larga introducción tiene también un “para qué”. Y está orientado a que descubramos lo “positivo” de las experiencias dolorosas de divisiones y enfrentamientos que se suelen dar en la Iglesia. ¿Para qué estas “disputas” entre los que nos reconocemos hijos de un mismo Padre? ¿Para qué esta experiencia dolorosa de división?
Una de las respuestas es que, con estas diferencias, se puede generar un examen de conciencia personal y también comunitario en el pueblo de Dios que, en oración, permita ver con más claridad lo que el Señor pide para que seamos, efectivamente, más “cristianos”. ¿Qué nos hace más cristianos? ¿Qué puede hacer “más cristiana” a la Iglesia católica? Veamos. Uno de los planteos que se le formuló a la Iglesia “tradicional” (utilizamos aquí el término “tradicional” para identificar a los católicos que coinciden plenamente con la Tradición y con el Magisterio de la Iglesia) durante los debates públicos por el caso del padre Alessio y por la polémica en el nombramiento de un nuevo párroco en “La Cripta”, es el que reclama, entre otras cosas, la necesidad de “modernización”, de “apertura”.
Cada vez que en un medio de comunicación se plantean temas referidos a la enseñanza moral de la Iglesia (el caso Alessio y su defensa de la equiparación de las uniones entre personas del mismo sexo con el matrimonio, sirve como ejemplo) llueven los reclamos de apertura, de “adaptación al mundo de hoy”, de “agiornamiento” de las “viejas estructuras”, y también las críticas a las prácticas “tradicionales”, “medievales”, “anacrónicas”, “verticalistas”, “oscurantistas”, “sacramentalistas”, etcétera, como la autoridad del Papa y de la jerarquía eclesial, el celibato, el matrimonio, la defensa de la vida desde la concepción y hasta la muerte natural, etcétera.
Para fundamentar estos reclamos, que muchas veces surgen también de personas que nunca tuvieron fe, se apela al concepto muy cristiano, muy católico y muy evangélico de que el camino de Dios es el hombre, que no se puede amar a Dios, a quien no se ve, si no se ama a los hermanos con quienes se convive hoy, en esta cultura nueva con fenómenos nuevos, diversos y plurales. Suena agradable esta afirmación. Pero no dice todo lo que es necesario decir. Porque el concepto de “modernidad”, el concepto de “hombre moderno” como su horizonte y criterio, responden a una visión parcial de la persona alentada por la filosofía moderna y sus particulares instrumentos hermeneúticos (de interpretación) de la realidad.
Es muchas veces desde esa visión parcial de la persona que se le reclama a la Iglesia que sólo diga y enseñe lo que ese hombre moderno puede entender y asimilar. Sólo eso debería predicar la Iglesia, lo demás, por más santo que sea, debería ser excluido de la enseñanza de la Iglesia porque al hombre “moderno” le parece un mito, un “cuento”, una leyenda del pasado. Es lo que sostiene, por ejemplo, Hans Urs Von Balthasar, uno de los más eminentes teólogos del siglo 20, fallecido en 1988, al que nadie razonable tildaría de anacrónico o de reaccionario. Entre sus antecedentes figuran, incluso, algunas amonestaciones de la Jerarquía por su temprana prédica a favor de que la Iglesia “no puede aparecer en el mundo moderno como una enemiga del mismo o una fortaleza cerrada, sino que su vocación trascendente tiene que llevarla a una apertura, asimilando los nuevos sistemas y dejándose interperlar para renovar los tesoros olvidados o aún no descubiertos que contiene el depósito de la fe”. Escribió Von Balthasar respecto del reclamo de “modernización”: “La Iglesia, se dice, debe estar al día para tener credibilidad. Si esto se toma en serio, significa que Cristo estaba al día cuando llevó a cabo su misión, una misión que fue escándalo y necedad para judíos y paganos, y que lo llevó a morir en la cruz (...). Pero Cristo nunca fue moderno, ni lo será, Dios mediante. Ni él ni sus discípulos Pablo y Juan pronunciaron una sola palabra para seguir la corriente política o gnóstica. La consecuencia obvia es que todos nuestros movimientos deben ir encaminados a erradicar los falsos escándalos, los escándalos no cristianos, para dar paso al verdadero escándalo, consistente en la misión de la Iglesia”.
Músicos cordobeses en la Jornada Mundial de la Juventud
Por Cristián Aldasoro
De la redacción de Encuentro
A fines de febrero, el grupo de pop gospel rodó en Ciudad de Buenos Aires un video que formará parte de todas las promociones en español de la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar entre el 16 y el 21 de agosto en Madrid 2011, y contará con la presencia del papa Benedicto XVI.
Con las ilusiones y la fuerza propia de los años jóvenes, un grupo de amigos decidió aunar sus voces y su música en un proyecto cristiano. La Viajera fue el nombre que entonces les pareció indicado para la banda musical, considerando que estaba formada por músicos de distintos puntos de la provincia, que debían viajar varios kilómetros para poder reunirse. Con el correr de los años, las obligaciones de cada uno de los integrantes hicieron que poco a poco se fueran alejando, para ser reemplazados por nuevos nombres, que se sumaban con la misma y esencial característica: ser todos “locos por Cristo” que comprendieron que el Señor los llamaba para algo más grande; tener una banda propia y realizar lo que el Santo Padre les pedía; generar una nueva evangelización, con nuevo ardor, nuevos métodos y nuevas expresiones. Fue entonces cuando decidieron rebautizar al grupo como El Grito de Abel (EGDA). Rememorando el pasaje bíblico “La voz de tu hermano clama desde la tierra” (Gen. 4-11), EGDA pretende prestar su voz a los que sufren, a los dolientes, a los hombres y mujeres de buena voluntad que no tienen voz para manifestarse.
Tres años más tarde, EGDA participó del certamen OPERACIÓN CRISTO “Al Señor de todos los tiempos”, organizado por el sello colombiano CMG RECORDS y la Fundación Edificar. La canción “Corre”, de Mingo Medina –autor de todos los temas y coros- fue elegida ganadora entre todas las que llegaron de América Latina y España. Un jurado integrado por Javier Montes –director musical y cantante de Son by Four, el productor de la cadena televisiva EWTN Douglas Archer y el productor discográfico Pedro Vengoechea, seleccionó a la canción cordobesa y el grupo obtuvo como premio la grabación de un nuevo material discográfico. Nació así “Globalizados”, con nuevos temas y remozadas versiones del material anterior. El disco se grabó en Colombia, las voces se pusieron en Villa María y fue masterizado en Inglaterra. En todo momento EGDA propone un mensaje de valores a través de la música con una marcada estética pop.
Entre noviembre y diciembre de 2009 participaron de la grabación de la canción navideña “Canta conmigo”, donde compartieron con destacados músicos cristianos de España, Colombia, Republica Dominicana y Argentina. Al año siguiente, con el disco recién salido de estudio, las canciones de EGDA comenzaron a sonar en emisoras de Latinoamérica, en especial Radio minuto de Dios, de Colombia, donde permanecieron durante meses en el TOP 15 de la programación.
Pero no todo quedó allí. La participación de un año antes en la canción navideña permitió que fueran escuchados por autoridades del Proyecto Infinitum –dedicado a la difusión del Santo Rosario - que estará presente en la jornada Mundial de la Juventud, a desarrollarse del 16 al 21 de agosto en Madrid. La canción “Corre” fue seleccionada para la campaña de difusión de dicho encuentro. Por tal motivo, a fines de febrero se rodó en Capital Federal el video que formará parte de todas las promociones en español antes y durante la jornada presidida por el Papa Benedicto XVI.
************************************
INTEGRAN EL GRITO DE ABEL
Sebastián Rosa: voz
Lucas Sigifredo: teclados
Domingo Medina: coros - guitarra
Tomás Rivera: guitarra
Lisandro Gilla: bajo
Lucas Rivera: guitarra- Mini Korg
************************************
Corre (canción seleccionada para la difusión de la JMJ)
Corre por las arenas corre,
navega por el mar y corre,
corre por las ciudades,
dulce nombre....
Una campana fuerte suena,
su mensaje lo lleva el viento,
de boca en boca surges,
dulce nombre....
entre la multitud camina,
buscando la gran ciudad.
Ensoñaciones en la niebla revelan eternidad.
Un flash de esquirlas de oro fino,
destruyen la oscuridad,
nuevos caminos invisibles,
lo llevan a otro lugar.
Corre por el desierto corre,
por las constelaciones corre,
alguien escucha al fuego y grita el nombre.
Señales rojas en lo alto,
me hacen nombrarte por las calles,
devoras mis amores y te haces carne....
Entre la multitud camina,
buscando la gran ciudad,
ensoñaciones en la niebla,
revelan eternidad....
Dulce nombre en muchos siglos,
largo amor por el camino,
semidioses, que se hunden ,
dulce nombre por los siglos....
Por los siglos de los siglos,
en los siglos de los siglos, dulce nombre
te revelas a la muerte y al olvido.....
Mingo Medina
De la redacción de Encuentro
A fines de febrero, el grupo de pop gospel rodó en Ciudad de Buenos Aires un video que formará parte de todas las promociones en español de la Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar entre el 16 y el 21 de agosto en Madrid 2011, y contará con la presencia del papa Benedicto XVI.
Enrolados en lo que llaman “pop gospel”, la banda nació en la ciudad de Villa María al despuntar el nuevo siglo. En el otoño del 2000 comenzaron a transitar los senderos de la música cristiana y, poco a poco, fueron ganándose un lugar..
En 2005 de manera independiente grabaron su primer disco llamado “Buscando la Gran Ciudad”, que fuera coproducido por Enrique Aiello, músico villamariense que cuenta con una amplia trayectoria al lado de figuras como Fito Paez, Mercedes Sosa, Piero, Pedro Aznar, Manuel Wirtz, Chango Farías Gómez , Valeria Lynch y Julia Zenko entre otros. Se trata de un disco en el que fusionan rock, pop y funk, que ha sido muy bien receptado por el público, en especial el más joven, y con el que han demostrado que se puede hacer música cristiana de manera profesional, joven, actual y atractiva.
Tres años más tarde, EGDA participó del certamen OPERACIÓN CRISTO “Al Señor de todos los tiempos”, organizado por el sello colombiano CMG RECORDS y la Fundación Edificar. La canción “Corre”, de Mingo Medina –autor de todos los temas y coros- fue elegida ganadora entre todas las que llegaron de América Latina y España. Un jurado integrado por Javier Montes –director musical y cantante de Son by Four, el productor de la cadena televisiva EWTN Douglas Archer y el productor discográfico Pedro Vengoechea, seleccionó a la canción cordobesa y el grupo obtuvo como premio la grabación de un nuevo material discográfico. Nació así “Globalizados”, con nuevos temas y remozadas versiones del material anterior. El disco se grabó en Colombia, las voces se pusieron en Villa María y fue masterizado en Inglaterra. En todo momento EGDA propone un mensaje de valores a través de la música con una marcada estética pop.
Entre noviembre y diciembre de 2009 participaron de la grabación de la canción navideña “Canta conmigo”, donde compartieron con destacados músicos cristianos de España, Colombia, Republica Dominicana y Argentina. Al año siguiente, con el disco recién salido de estudio, las canciones de EGDA comenzaron a sonar en emisoras de Latinoamérica, en especial Radio minuto de Dios, de Colombia, donde permanecieron durante meses en el TOP 15 de la programación.
Pero no todo quedó allí. La participación de un año antes en la canción navideña permitió que fueran escuchados por autoridades del Proyecto Infinitum –dedicado a la difusión del Santo Rosario - que estará presente en la jornada Mundial de la Juventud, a desarrollarse del 16 al 21 de agosto en Madrid. La canción “Corre” fue seleccionada para la campaña de difusión de dicho encuentro. Por tal motivo, a fines de febrero se rodó en Capital Federal el video que formará parte de todas las promociones en español antes y durante la jornada presidida por el Papa Benedicto XVI.Así, paso a paso y con mucha humildad, EGDA realiza su misión apostólica desde el sitio para el que fueron llamados por el Señor: la música. Agradecidos como son de poder hacer lo que tanto les gusta, destacan siempre el apoyo recibido por Radio María Argentina y la Red de Artistas Católicos de Córdoba, que han creado un espacio en le que todos los artistas puedan expresarse.
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INTEGRAN EL GRITO DE ABEL
Sebastián Rosa: voz
Lucas Sigifredo: teclados
Domingo Medina: coros - guitarra
Tomás Rivera: guitarra
Lisandro Gilla: bajo
Lucas Rivera: guitarra- Mini Korg
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Corre (canción seleccionada para la difusión de la JMJ)
Corre por las arenas corre,
navega por el mar y corre,
corre por las ciudades,
dulce nombre....
Una campana fuerte suena,
su mensaje lo lleva el viento,
de boca en boca surges,
dulce nombre....
entre la multitud camina,
buscando la gran ciudad.
Ensoñaciones en la niebla revelan eternidad.
Un flash de esquirlas de oro fino,
destruyen la oscuridad,
nuevos caminos invisibles,
lo llevan a otro lugar.
Corre por el desierto corre,
por las constelaciones corre,
alguien escucha al fuego y grita el nombre.
Señales rojas en lo alto,
me hacen nombrarte por las calles,
devoras mis amores y te haces carne....
Entre la multitud camina,
buscando la gran ciudad,
ensoñaciones en la niebla,
revelan eternidad....
Dulce nombre en muchos siglos,
largo amor por el camino,
semidioses, que se hunden ,
dulce nombre por los siglos....
Por los siglos de los siglos,
en los siglos de los siglos, dulce nombre
te revelas a la muerte y al olvido.....
Mingo Medina
Murió Bernard Nathanson, abortista arrepentido y luchador provida
De origen judío, en 1996 se bautizó en la Iglesia Católica
Tenía 84 años. Se lo conoció como el “rey del aborto” porque era dueño de la mayor clínica abortista de Nueva York. A fines de los ‘70, gracias al diagnóstico por imagen, se le hizo evidente la condición humana del feto y se convirtió en un testigo de la vida. Más tarde se bautizó
El médico norteamericano Bernard Nathanson, que supo ser conocido como "el rey del aborto" y que después pasó a ser uno de los más reconocidos miembros del movimiento pro vida, falleció el pasado 21 de febrero a los 84 años. Nathanson fue director de una importante clínica abortista de Nueva York y practicó gran número de abortos personalmente. Fue además uno de los fundadores de la principal organización abortista de Estados Unidos, NARAL. Pero a finales de los '70 dejó el aborto tras reconocer la condición humana del feto gracias a las técnicas de diagnóstico por imagen. Después se esforzó por dar a conocer lo que él había visto produciendo los documentales El grito silencioso (1985) y Eclipse of Reason (1987). Las tremendas imágenes de ambos videos muestran la realidad del aborto en toda su crudeza.
Nathanson, que era de origen judío y no creyente, se hizo católico en 1996. Su conversión religiosa está relacionada con su anterior "conversión" a la defensa de la vida. Le impresionó y le hizo reflexionar el desinteresado empeño de los militantes provida en las vigilias de oración delante de las clínicas abortistas. En 1979 publicó el libro Aborting America y, poco antes de su bautismo, su autobiografía The Hand of God, donde describe sus dos conversiones. La categoría intelectual y moral de Nathanson hizo que muchos que practicaban o fomentaban el aborto, incluidos algunos parlamentarios, reconocieran su error y se unieran a la lucha en favor de la vida humana más indefensa.
Las dos conversiones de Nathanson fueron muy significativas en cuanto muestras del poder de la evidencia científica y de la oración. Y manifestaron, además, la estrecha conexión que existe entre Dios y la ley natural inscrita por Él en la naturaleza humana. Como escribió su amigo el sacerdote John McCloskey, "quien reconoce y sigue la ley natural, es muy posible que acabe encontrando a Dios y a la Iglesia".
Tenía 84 años. Se lo conoció como el “rey del aborto” porque era dueño de la mayor clínica abortista de Nueva York. A fines de los ‘70, gracias al diagnóstico por imagen, se le hizo evidente la condición humana del feto y se convirtió en un testigo de la vida. Más tarde se bautizó
El diagnóstico por imagen ayudó a Nathanson a “descubrir” el crimen del aborto |
Nathanson, que era de origen judío y no creyente, se hizo católico en 1996. Su conversión religiosa está relacionada con su anterior "conversión" a la defensa de la vida. Le impresionó y le hizo reflexionar el desinteresado empeño de los militantes provida en las vigilias de oración delante de las clínicas abortistas. En 1979 publicó el libro Aborting America y, poco antes de su bautismo, su autobiografía The Hand of God, donde describe sus dos conversiones. La categoría intelectual y moral de Nathanson hizo que muchos que practicaban o fomentaban el aborto, incluidos algunos parlamentarios, reconocieran su error y se unieran a la lucha en favor de la vida humana más indefensa.
Las dos conversiones de Nathanson fueron muy significativas en cuanto muestras del poder de la evidencia científica y de la oración. Y manifestaron, además, la estrecha conexión que existe entre Dios y la ley natural inscrita por Él en la naturaleza humana. Como escribió su amigo el sacerdote John McCloskey, "quien reconoce y sigue la ley natural, es muy posible que acabe encontrando a Dios y a la Iglesia".
Son "inválidos" los sacramentos administrados por Alessio
El sacerdote no apeló la resolución del tribunal eclesiástico y quedó firme la sentencia que lo privó del oficio de párroco.
El Tribunal Interdiocesano de Córdoba comunicó que son "inválidas" las absoluciones en el sacramento de la confesión y la asistencia a los matrimonios que realice el sacerdote Nicolás Alessio, recientemente suspendido en el ejercicio del ministerio.
"Habiéndosele quitado la potestad de ejercerlo por la censura impuesta, todos los actos sacerdotales que haga serán ilícitos y, además, inválidos". Aclaró el Tribunal que si el sacerdote asiste a contrayentes en un casamiento entre divorciados o personas del mismo sexo "estaría simulando un sacramento" lo que agravaría más su situación.
El comunicado del tribunal se emitió luego de que quedara firme la sentencia que dispuso la suspensión "a divinis" del padre Alessio y la privación del oficio de párroco. "La suspensión
alcanza hasta el momento en que se constate efectivamente un cambio de actitud en el sacerdote. Es decir que una suspensión nunca, de por sí, es para siempre. La privación del oficio de párroco se debe a que esta tarea consiste en ser delegado del Obispo en una porción del Pueblo de Dios y supone la comunión con él", precisó el tribunal.
El comunicado agrega que la Iglesia "sufre con dolor de madre estas medidas y trabaja para subsanarlas siempre con la confianza en la acción del Espíritu Santo, sin el cual no es posible renovar cada día la voluntad de continuar en el camino de la salvación". Como Alessio dijo que continuará administrando los sacramentos a quienes se lo soliciten, el Tribunal explicó que "el
sacerdocio se ejerce en la Iglesia en comunión con el Obispo diocesano y a su vez unido al Papa" y que si bien la potestad de orden sagrado "nunca se puede quitar" porque imprime carácter, "se puede privar la potestad de ejercerlo".
El Tribunal Interdiocesano de Córdoba comunicó que son "inválidas" las absoluciones en el sacramento de la confesión y la asistencia a los matrimonios que realice el sacerdote Nicolás Alessio, recientemente suspendido en el ejercicio del ministerio.
"Habiéndosele quitado la potestad de ejercerlo por la censura impuesta, todos los actos sacerdotales que haga serán ilícitos y, además, inválidos". Aclaró el Tribunal que si el sacerdote asiste a contrayentes en un casamiento entre divorciados o personas del mismo sexo "estaría simulando un sacramento" lo que agravaría más su situación.
El comunicado del tribunal se emitió luego de que quedara firme la sentencia que dispuso la suspensión "a divinis" del padre Alessio y la privación del oficio de párroco. "La suspensión
alcanza hasta el momento en que se constate efectivamente un cambio de actitud en el sacerdote. Es decir que una suspensión nunca, de por sí, es para siempre. La privación del oficio de párroco se debe a que esta tarea consiste en ser delegado del Obispo en una porción del Pueblo de Dios y supone la comunión con él", precisó el tribunal.
El comunicado agrega que la Iglesia "sufre con dolor de madre estas medidas y trabaja para subsanarlas siempre con la confianza en la acción del Espíritu Santo, sin el cual no es posible renovar cada día la voluntad de continuar en el camino de la salvación". Como Alessio dijo que continuará administrando los sacramentos a quienes se lo soliciten, el Tribunal explicó que "el
sacerdocio se ejerce en la Iglesia en comunión con el Obispo diocesano y a su vez unido al Papa" y que si bien la potestad de orden sagrado "nunca se puede quitar" porque imprime carácter, "se puede privar la potestad de ejercerlo".
La verdadera felicidad
Lic. Alejandra Mottola
Especial para Encuentro
Para muchas personas la felicidad está reducida al nivel de vida, a una buena economía y salud. Poner el bienestar y el placer como únicas metas de la conducta es una pobre interpretación de lo máximo a lo que se puede llegar. Lo que hace rica a la persona es desarrollar sus aspiraciones y ser sensible al mundo que la circunda, llenando el corazón de solidaridad y amor.
La felicidad es algo que se va alcanzando de forma indirecta, cuando se tiene una personalidad madura y un proyecto de vida por el cual luchar. Por lo general, en todo proyecto de vida "feliz" siempre se destacan tres elementos básicos: amor, trabajo y cultura. Y de todos ellos el más importante es el amor. Lo que el ser humano necesita en su vida es amor. El vacío afectivo determina conductas negativas, ya que no hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias. La felicidad descansa sobre un esfuerzo constante de vivir en armonía con uno mismo. Para lograrla hay que poder aceptarse incluso en los aspectos malos y luchar por modificar lo que sea modificable. En la última etapa de nuestra vida, en nuestro balance existencial, relucirá la verdad de lo que hemos sido. Veremos lo que hemos conseguido y lo que quedó por alcanzar.
Enrique Rojas, en su libro "¿Quién eres?" (2001) señala que percibir correctamente la realidad, aceptarse a uno mismo, vivir con naturalidad, concentrarse en los problemas y las dificultades, tener un espacio privado que nos dé autonomía y mantener unas relaciones interpersonales profundas son las cosas que van dando forma a la plenitud personal.
Víctor Frankl (1991) subraya la importancia de la trascendencia, de encontrar un significado de la vida que vaya más allá de uno mismo. Surge así el mundo de los valores, que nos permite escapar del vacío existencial -núcleo de la neurosis- de la sensación de vivir absurdamente.
C. R. Rogers nos habla del proceso de convertirse en persona, que culmina en un "funcionar integralmente". La autorrealización nos conduce a aprovechar al máximo nuestras posibilidades, estando abiertos a la experiencia. Este being process ("llegar a ser") nos dirige a la aceptación de los demás y a confiar en nosotros mismos. De esta manera, la persona que funciona integralmente es feliz, sufre pocas tensiones en su interior, piensa flexiblemente y desarrolla la capacidad para aceptar críticas. Jesús, el Gran Maestro, el camino, la verdad y la vida, nos invita a peregrinar por la verdadera felicidad, que es la de darse a los demás. Esto será posible si primero somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos. Poder lograrlo implica desarrollar una buena autoestima e ir conformando una personalidad equilibrada. Presentamos algunos signos de madurez que podemos poner en nuestro proyecto de vida:
* La capacidad para saber perdonarse y hacer lo mismo con quienes nos rodean, ya que el no desarrollar esta capacidad conduce a la hipercrítica cuyo efecto es la destrucción de la confianza en uno mismo.
* No comparase con los demás, ni centrarse en lo que otros son o tienen, ya que la felicidad consiste en estar contento con uno mismo.
* Hacer algo positivo por los demás y que sea algo tangible, que no quede sólo en palabras e intenciones. ¿Por qué es necesaria la entrega a los demás? Porque en ese darse se encuentra la paz y la alegría; se logra cierta armonía interior. "Caritas, dirigiere y amare", amor de donación, amor afectivo y amor de voluntad. Un tríptico que nunca caduca.
Especial para Encuentro
Para muchas personas la felicidad está reducida al nivel de vida, a una buena economía y salud. Poner el bienestar y el placer como únicas metas de la conducta es una pobre interpretación de lo máximo a lo que se puede llegar. Lo que hace rica a la persona es desarrollar sus aspiraciones y ser sensible al mundo que la circunda, llenando el corazón de solidaridad y amor.
La felicidad es algo que se va alcanzando de forma indirecta, cuando se tiene una personalidad madura y un proyecto de vida por el cual luchar. Por lo general, en todo proyecto de vida "feliz" siempre se destacan tres elementos básicos: amor, trabajo y cultura. Y de todos ellos el más importante es el amor. Lo que el ser humano necesita en su vida es amor. El vacío afectivo determina conductas negativas, ya que no hay felicidad sin amor y no hay amor sin renuncias. La felicidad descansa sobre un esfuerzo constante de vivir en armonía con uno mismo. Para lograrla hay que poder aceptarse incluso en los aspectos malos y luchar por modificar lo que sea modificable. En la última etapa de nuestra vida, en nuestro balance existencial, relucirá la verdad de lo que hemos sido. Veremos lo que hemos conseguido y lo que quedó por alcanzar.
Enrique Rojas, en su libro "¿Quién eres?" (2001) señala que percibir correctamente la realidad, aceptarse a uno mismo, vivir con naturalidad, concentrarse en los problemas y las dificultades, tener un espacio privado que nos dé autonomía y mantener unas relaciones interpersonales profundas son las cosas que van dando forma a la plenitud personal.
Víctor Frankl (1991) subraya la importancia de la trascendencia, de encontrar un significado de la vida que vaya más allá de uno mismo. Surge así el mundo de los valores, que nos permite escapar del vacío existencial -núcleo de la neurosis- de la sensación de vivir absurdamente.
C. R. Rogers nos habla del proceso de convertirse en persona, que culmina en un "funcionar integralmente". La autorrealización nos conduce a aprovechar al máximo nuestras posibilidades, estando abiertos a la experiencia. Este being process ("llegar a ser") nos dirige a la aceptación de los demás y a confiar en nosotros mismos. De esta manera, la persona que funciona integralmente es feliz, sufre pocas tensiones en su interior, piensa flexiblemente y desarrolla la capacidad para aceptar críticas. Jesús, el Gran Maestro, el camino, la verdad y la vida, nos invita a peregrinar por la verdadera felicidad, que es la de darse a los demás. Esto será posible si primero somos capaces de aceptarnos a nosotros mismos. Poder lograrlo implica desarrollar una buena autoestima e ir conformando una personalidad equilibrada. Presentamos algunos signos de madurez que podemos poner en nuestro proyecto de vida:
* La capacidad para saber perdonarse y hacer lo mismo con quienes nos rodean, ya que el no desarrollar esta capacidad conduce a la hipercrítica cuyo efecto es la destrucción de la confianza en uno mismo.
* No comparase con los demás, ni centrarse en lo que otros son o tienen, ya que la felicidad consiste en estar contento con uno mismo.
* Hacer algo positivo por los demás y que sea algo tangible, que no quede sólo en palabras e intenciones. ¿Por qué es necesaria la entrega a los demás? Porque en ese darse se encuentra la paz y la alegría; se logra cierta armonía interior. "Caritas, dirigiere y amare", amor de donación, amor afectivo y amor de voluntad. Un tríptico que nunca caduca.
Inician festejos del jubileo por los 50 años de la diócesis de San Francisco
Con gran expectativa los fieles sanfrancisqueños se disponen a vivir una año jubilar con indulgencias plenarias e inaugurando un nuevo plan pastoral.
El próximo 10 de abril, la ciudad de San Francisco se vestirá de fiesta para celebrar los 50 años de la creación de su diócesis. En el marco del año jubilar, los festejos previstos se llevarán a cabo a lo largo del corriente año, para culminar en el mes de octubre, durante las fiestas patronales.
En diálogo con el padre Gustavo Zaninetti, miembro de la comisión de liturgia de la diócesis, destacó que el domingo 10 de abril se dará apertura a las actividades con la presentación del nuevo plan pastoral que acompañará a la diócesis durante los años 2011-2016. Esta
presentación será en el polideportivo del instituto FASTA, y estará destinada a sacerdotes, y agentes pastorales.
Posteriormente, y en horas de la tarde, se llevará a cabo una procesión que saldrá desde la plaza central con destino a la iglesia Catedral para celebrar la Eucaristía, dando inicio, de este modo, a las celebraciones de las bodas de oro de la diócesis.
Por otra parte, el padre Zaninetti, destacó que a lo largo de los siguientes meses, se irán publicando, a través de comunicados de prensa correspondientes, las diversas propuestas que se llevarán a cabo para los festejos del 50 aniversario de una diócesis que no ha dejado de crecer y que hoy, más que nunca, afronta nuevos desafíos pastorales.
El próximo 10 de abril, la ciudad de San Francisco se vestirá de fiesta para celebrar los 50 años de la creación de su diócesis. En el marco del año jubilar, los festejos previstos se llevarán a cabo a lo largo del corriente año, para culminar en el mes de octubre, durante las fiestas patronales.
En diálogo con el padre Gustavo Zaninetti, miembro de la comisión de liturgia de la diócesis, destacó que el domingo 10 de abril se dará apertura a las actividades con la presentación del nuevo plan pastoral que acompañará a la diócesis durante los años 2011-2016. Esta
presentación será en el polideportivo del instituto FASTA, y estará destinada a sacerdotes, y agentes pastorales.
Posteriormente, y en horas de la tarde, se llevará a cabo una procesión que saldrá desde la plaza central con destino a la iglesia Catedral para celebrar la Eucaristía, dando inicio, de este modo, a las celebraciones de las bodas de oro de la diócesis.
Por otra parte, el padre Zaninetti, destacó que a lo largo de los siguientes meses, se irán publicando, a través de comunicados de prensa correspondientes, las diversas propuestas que se llevarán a cabo para los festejos del 50 aniversario de una diócesis que no ha dejado de crecer y que hoy, más que nunca, afronta nuevos desafíos pastorales.
viernes, 1 de abril de 2011
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